Tras la intensa Roma, llegó la hora de moverse un poco y madrugar para alcanzar el tren. A las ocho sonó el odioso despertador para salir por el día a la imprescindible Florencia, aprovechando nuestro Eurail pass y que sólo es hora y media de viaje :).
Al mediodía ya teníamos nuestros pies sobre los adoquines renacentistas de la orbe que atestada de turistas nos recibió con el sol pegando en la sensacional Catedral o Duomo de Santa María del Fiore, que se alza imponente cubierta de mármol de los más inverosímiles colores con sus cúpulas magníficas. Mirando el talento de Brunelleschi, de inmediato pensé en que aquí por suerte no terremotea sino, no quedarían de estas joyas en pie.
Almorzamos un menú con ensalada, vino y lasagna por nueves euros!! en un lugar precioso con terraza en la vereda frente al Duomo. La comida la bajamos cruzando el Ponte Vecchio y vagabundeando por c rincónes que a cada momento me hacían agradecer a la desaparecida familia Médici por la generosidad de su mecenazgo.
Después de caer en algunas tentaciones de consumo del bien puesto mercado nos dirigimos a los corredores del Palazzo Pitti, pusimos la humilde y salvadora frazadita para muy flaitemente echamos a cerrar los ojitos un rato a las afueras del museo. El cansancio se nota, y como la cuota museística ha sido suficiente no hubo culpa en no entrar a ellos y gozar la tarde paseando, sacando fotos y comiendo "panefortte", una especie de turrón de almendras con mazapán delicioso.
Como la ciudad que cruza el río Arno no es tan grande a las 18:30 nos fuimos a tomar el tren de vuelta a Roma donde dimos las últimas vueltas y camino al hotel reí otra vez al comprobar anecdóticamente que la mamá todavía confunde la "M" del Mc Donalds con la del metro.
* Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1982
** Término coloquial para referirme a Leonardo DaVinci, Rafael Sanzio, Miguel Ángel y Donatello.